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La feria del libro pasó VEINTE DÍAS DE FAMA (*) Buenos Aires, 24 de mayo (Por Laura Caniggia, ANC-UTPBA).- Aparece como un gran éxito, pero es una continua derrota. Una vez al año, los pasillos de La Rural se desbordaron de lectores compulsivos. Pero por fuera de ese edén bibliográfico, hay una Argentina que cada día lee menos. Los chicos pasan mil horas anuales frente a la tele, y los grandes dicen no tener tiempo. La Televisión -su firme competidora, según los estudiosos del tema- reproduce en su pequeña pantalla esa gran vidriera. Anuncia, minuto a minuto, día a día, que es un Boom ¡Un éxito! Que está en el máximo auge de su historia. Muestra pasillos agolpados de gente que los reclama, los desea, los disfruta. Para la tele, esta no es la Feria, es "la Fiesta del Libro". Pero, como muchas, esa es sólo una realidad mediática. El libro sólo es vedette de puertas de La Rural para dentro. Afuera, es una tilinga más que compite –y la mayoría de las veces pierde- con las diosas de pantalla plana y canal estéreo. "Se lee menos por la competencia que generan los medios audiovisuales", es la conclusión que sacó la encuestadora CEOP. Aunque la mayoría de los que confiesan no leer acusa a la falta de tiempo como la principal causa y expresan deseos de leer más. Es el placer de abstraerse de la rutina diaria siguiendo historias fantásticas, análisis estremecedores, narraciones pasionales o relatos nostálgicos que dejarán unir de nuevo las páginas y volver a la realidad con más herramientas para entenderla, modificarla y disfrutarla. Sin embargo, el 90 por ciento de la población cree que es un hábito devaluado. Según un informe del Observatorio de Industrias Culturales (OIC) del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la industria editorial no para de crecer. Una década atrás, se imprimían 43.965.453 libros por año. Ahora la cifra llega a 55 millones, sin embargo la mitad de la población asegura leer menos que entonces.
Los vaivenes en la intensidad en la lectura de los argentinos guardan una firme relación con la realidad económica, la realidad social. La cantidad de personas que aseguran no haber comprado ningún libro durante estos últimos seis meses (la mitad de la población) es la misma que la que cuenta a quienes pelean por llegar a cubrir la canasta básica ¿Te preocuparías por develar las mentiras de la historia argentina con las verdades de Felipe Pigna si no le alcanza para comer los 30 días del mes? (Si te alcanza, también espero una respuesta negativa). Los sectores económicamente considerados medios y bajos son los que impulsan hacia abajo los niveles de lectura. Para quienes, el libro es un bien de lujo. Inaccesible.
La tv ataca
Los más chicos pasan más tiempo mirando televisión que haciendo cualquier otra actividad. En un año, están más de mil horas frente a ella, contra 900 que le dedican a la escuela. Y... ¿Qué aprenden?
Según un estudio realizado por la Agencia Nacional de Comunicación (ANC), de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba), "casi el 90 por ciento de la televisión abierta tiene como temática excluyente la ficción y el deporte, y apenas un 10 por ciento lo ocupan los noticieros. De esta porción, la publicidad se lleva una cuarta parte, y el resto son notas y producciones cuyos contenidos están dedicados en un 80 por ciento a la violencia, la inseguridad, las catástrofes y las novedades de la farándula". A los 18, por esa pequeña pantalla, ya habrán visto 200 mil actos violentos, incluyendo 16 mil asesinatos. La sobreproducción de información genera un presente continuo, un pasado olvidado y un futuro remoto. El vértigo de las noticias, la competencia constante por difundir minuto a minuto un nuevo hecho (no importa cómo ni por qué) vacían de contenido real las pantallas y, con ellas, las cabezas de quienes las observan.
También incorporan el hábito de permanecer encerrados, inmóviles, sin hacer ejercicio, frente a "la caja boba". En una economía como la actual, basada en la información, la lectura es una habilidad esencial para vivir (y no sólo sobrevivir). Sin embargo, la mayoría de quienes tienen entre 15 y 34 años, y un nivel económico que les permite acceder a la lectura, leen sólo por obligación.
Muchos chicos están creciendo conectados a la televisión, con una capacidad para la lectura deficiente y, sobre todo, con poco interés por los libros. No alcanza con llenar de textos La Rural durante 21 días; menos aún, hoy que son muy pocos quienes los pueden comprar y muchos más los que se quedan mirando de afuera esa gran vidriera (ANC-UTPBA).
(*) Nota publicada por la agencia joven de Información Social Alternativa (ISA) (http://www.agenciaisa.com.ar)
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